Es la tarde de lunes, momento en el que realizo mi trayecto desde los suburbios del norte hacia mi departamento al sur de la Ciudad de La Cuenca. Aunque es largo, el trayecto resulta ser sencillo al llegar a la terminal norte del subterráneo. Desde muy pequeño recuerdo viajar en ese gusano naranja que se traslada por las entrañas, y superficie de la ciudad. Quizás es por eso que estoy tan familiarizado con los nombres de cada una de las líneas que lo conforman: Línea 3, Línea 12, Línea B, etcétera. Lo cual resulta un tanto inútil porque la mayoría de la gente ubica la ruta solamente por sus colores:
"¿Cómo llego al centro, tomo la línea rosa"."El alcalde de la ciudad anuncia el cierre parcial la línea dorada""Te espero en la terminal de la línea roja""Hoy cumple 20 años la línea verde"
Mientras divago con ese asunto el subterráneo llega a su tramo en la superficie, una típica avenida de muchos carriles y poca velocidad, amurallada por grises edificios que a veces son saturados de anuncios espectaculares diversos. Afortunádamente no logran bloquear por completo la vista del cielo; un cielo que en esta ocasión es azul con un sol rojizo al poniente. Mientras que en el oriente se encuentran unas imponentes nubes blancas y grises acompañadas de unos fugaces rayos que destellan e impactan el suelo lejos de la ciudad. Sin embargo dichos rayos no logran opacar un enorme arcoíris que se encarga de enmarcar la tormenta oriental. Lo cual me hace preguntar: ¿Será acaso que el Dios Nórdico del Trueno ha venido a ese punto de Midgard?
Para los nórdicos, el Bifrost o Puente Arcoíris unía a nuestro mundo (Midgard) con Asgard, la tierra donde vivían los dioses. El Bifrost era vigilado por el infranqueable dios Heimdall. Para la tradición irlandesa, y posteriormente para el imaginario colectivo, al final del arcoíris se encontraba una olla llena de oro y vigilada por un duende. Para la Física actual, los arcoíris son un fenómeno óptico que consiste en el reflejo de luz a cargo de las gotas de agua, las cual dispersan la luz de tal forma que podemos contemplar el amplio espectro de colores que conforman la luz, a excepción de los tonos infrarojos o los ultravioletas. Y para sus Satánicas Majestades los Rolling Stones, Ella era como un arcoíris:
La última parte de mi trayecto corre a cargo del colectivo, el cual corre por una avenida mucho más amigable a la vista, ya que cuenta con un camellón lleno de árboles, muchos de ellos jacarandas que en primavera florecen de un hermoso tono lila. Sin embargo es final del verano. Y para mi suerte, el colectivo y los demás vehículos están detenidos, en el radio del transporte suena un noticiero, conducido por unos locutores pesados, poco ingeniosos y nada graciosos a pesar de sus necios intentos por conseguir la comicidad con el público escucha. Recién comentan la tormenta y el arcoíris que ya se está difuminando. Estoy seguro que no soy el único que lo ha visto, y muy probablemente al llegar a casa y revisar las redes sociales, encontraré varias fotografías de esta entidad enigmática y colorida. No soporto más a los locutores y todavía estoy lejos de mi destino para elegir bajarme y caminar. Así que decido colocarme los audífonos y dejar que el Arcoíris liderado por el legendario Richie Blackmore y el pequeño gigante Ronnie James Dio me transporte a las puertas de Babilonia.
Espero, estimados lectores, les haya gustado mi aporte para esta convocatoria de los jueves. La anfitriona en esta ocasión ha sido Casss. En su blog encontrarán más relatos coloridos.
Por último me gustaría invitarlos a leer mis reseñas de una serie de cómics nuevos de Star Wars, las cuales publico cada semana pero que han recibido escasos (aunque MUY VALIOSOS) comentarios. Sino son entusiastas de esta saga de películas no se preocupen, pueden invitar a algún conocido que guste de las historias provenientes de una Una Galaxia muy muy lejana.
Saludos a todos, muchas gracias por sus visitas y comentarios.
